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El coronel en su laberinto

18 Jul
Ilustración de Cavalcante

Ilustración de Cavalcante

En mayo de este año el diario O Globo de Rio invitó un grupo de escritores latinoamericanos a rendirle un homenaje póstumo a García Márquez. La propuesta era escribir un relato basado en un argumento o personaje de Gabo y situarlo en Brasil. Yo escogí El coronel no tiene quien le escriba y este fue el resultado:

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La culpa es de Dios

13 Ene
nacimiento

Dibujo de Nicole Flores

A mi hijo

No soy muy bueno para soportar el dolor. Mi mujer sí. En el momento del parto me sorprendió su valentía y capacidad para soportar el dolor. Cuando empezaron las contracciones, como a las 12 de la noche, tranquilamente me llamó y me lo dijo como si fuera algo rutinario. Yo estaba en el patio tomándome un whisky y leyendo los Diarios de Kafka. Tuve que dejar la lectura y acompañarla a hacer una serie de ejercicios que nos habían enseñado, ayudarle a respirar profundamente y decirle estúpidas palabras de apoyo como “todo va a salir bien”, “no te preocupes”, etc., mientras le tomaba la mano o le hacía unos masajes en la espalda que había leído en algún manual. Cuando las contracciones se aceleraron, como a las 3 de la mañana, salí corriendo por el auto que estaba estacionado a una cuadra de nuestra casa Sigue leyendo

Pesadillas borgeanas

13 Mar

borges y camaPesadilla borgeana I

Oigo un ruido. Me despierto. No estás. Espero. Siento que vienes hacia el cuarto. Me tranquilizo. Entras al cuarto y enciendes la luz. Tienes un hacha en la mano. Me la clavas en la cabeza. La sangre salta por todas partes. Me despierto. No estás. Espero…

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Rayoela*

20 Oct

Commonplaces de       Max Ernst

1.

¿Encontraría a esta hijueputa? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue séptima o por el pont de la 26, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota en el aire me dejaba distinguir las formas, ya su enorme silueta recortaba el paisaje, caminando sin hacer nada, o quizás comiendo alguna de esas empanadas grasientas que le vendía por un precio irrisorio Monsiuer Chepe. Y era tan natural cruzar la calle y acercarme a ella, que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual es lo menos casual en nuestras vidas y más aún en un maldito barrio tan pequeño.

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¿El final de un crítico?

17 Jun

Fotografía de Eamonn McCabe

Cuando el crítico literario de La Mañana, Mario Ramos, acabó de leer el artículo de su colega Carlos Zambrano, aparecido en la última edición dominical, sintió que por fin todo había terminado. A pesar de las duras críticas de su antiguo compañero y amigo, Mario se sintió aliviado. Inclusive algunas lágrimas aparecieron en sus ojos y se deslizaron por sus mejillas, mojando las hojas del periódico que mantenía sostenido con ambas manos.

Ramos estaba sentado en su estudio y de vez en cuando levantaba los ojos para mirar por la ventana la leve llovizna matutina que comenzaba a caer sobre el parque donde algunos de sus vecinos sacaban a pasear sus perros. Y Ramos, mientras avanzaba en su lectura, se debatía entre la alegría y la vergüenza. Sabía que el tormento de los últimos años estaba terminando, pero también no podía dejar de sentir que su carrera acababa de una forma terrible, de una forma que el nunca imaginó y de la cual no podía sentirse orgulloso.

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Infierno

13 Abr

Me parece estar ahí todavía: la pared blanca y las letras rojas, todas en mayúscula con una caligrafía perfecta. No sé por que las vi. Podría haber pasado por la calle y no desviar la mirada. Pero levanté los ojos y leí aquellas palabras que serían el principio de la peor pesadilla de mi vida: “No vas a terminar Kocynski”. Tuve un sentimiento extraño, mezcla de incredulidad y risa nerviosa. Aunque al instante me tranquilice: podía ser tan sólo una coincidencia. El mensaje podía ser para otro, no necesariamente para mí, pese a estar por terminar mi proyecto.

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La terrible inutilidad del ser

26 Feb

Es abril y acabamos de mudarnos. El nuevo apartamento está en un viejo edifício de la Rua Joaquim Murtinho, cerca a los arcos de la Lapa. Es posible llegar en bonde – está justo al lado de la primera estación, pasando los arcos – o caminando desde la Rua Mém de Sá o la Riachuelo. Al lado izquierdo de la calle hay un enorme portón de hierro con una placa borrosa encima que tiene los restos del número 71 y después unas escaleras largas y empinadas que parecen llegar hasta el cielo.

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Un paso en falso

5 Ene

Foto de Nathaniel Goldberg

Estoy en la sala de espera y mientras observo la llegada y salida de los aviones a través de dos grandes ventanales, me pregunto por qué decidí de un momento a otro escribir estas notas. Me doy cuenta que todavía no lo tengo muy claro. A veces me parece un acto desesperado. Como el movimiento de algún animal herido que en el último instante se niega a morir y decide dar una última y violenta sacudida para ver si al menos logra golpear a alguno de sus agresores, aunque sé que en mi caso esos agresores son invisibles o terriblemente lejanos.

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Una tragedia contemporánea

5 Nov

No he podido sacar de mi cabeza la cara de ese hombre. Pasaba por inercia los canales del televisor cuando me detuve en un programa de concurso. Ricardo, de unos 40 años, con su nombre escrito en un pequeño rectángulo de papel sujeto al lado izquierdo del pecho, estaba diciéndole al conductor del programa que era la cuarta vez que salía sorteado para participar. “Increíble”, dijo el conductor y miró hacia el público que le respondió automáticamente con un estruendo de aplausos. “Esperamos que esta vez se lleve el premio mayor: ¡1 millón de reales!”. Otra vez los aplausos, un tanto más fuertes que antes. Alguien silbaba con fuerza desde algún lugar indeterminado de la platea.

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Una mañana cualquiera

21 Ago

Yo ví lo que sucedió desde lejos. Estaba sentada en una banca del parque esperando la hora para entrar a mi oficina. Ví cuando el viejo estacionó su auto. Lo ví cerrar la puerta y dar algunos pasos en dirección al norte. Luego lo ví llevarse la mano derecha a la frente, inclinando el cuerpo un poco hacia atrás. Dio la vuelta y volvió hasta el auto. Miró por la ventanilla del conductor y movió lentamente la cabeza de un lado a otro. Después intentó abrir la puerta jalando varias veces la manija sin conseguirlo. Lo ví dar la vuelta y hacer lo mismo con la puerta del pasajero sin ningún resultado. El viejo levantó un instante la mirada. No recuerdo con precisión su rostro. Ahora sería útil recordarlo pero no lo consigo. Tal vez tenía barba y estaba casi calvo. Pero no estoy segura. Sigue leyendo