Kawabata y Mishima

2 Ene

tumblr_pjd95f4Keu1qdqpe6o1_1280En una carta del 27 de mayo de 1961, Yasunari Kawabata le hace un “pedido sin pudor” a su amigo Yukio Mishima: “[…] le pido: no me importa que sea bien simple, ¿pero usted concordaría en escribirme una recomendación? Voy a pedir que envíen su texto a la Academia, juntamente con los otros documentos necesarios, después de haberlo traducido al inglés o al francés”. Kawabata se refiere a una recomendación para el Premio Nobel de literatura. Siete años después, en 1968, Kawabata se convertiría en el primer japonés a ganar el Premio.

En la respuesta Mishima le envía lo que llama de “esbozo” escrito directamente en inglés. “En las obras del señor Kawabata”, escribe Mishima, “la delicadeza se une a la elasticidad, la elegancia a una conciencia de las profundidades de la naturaleza humana; su claridad oculta una tristeza inconmensurable, son obras modernas y aún así inspiradas directamente por la filosofía solitaria de los monjes del Japón medieval”. Mishima termina su recomendación afirmando que Kawabata, más que cualquier otro escritor japonés, estaría calificado para el Premio.

Las dos cartas, así como el texto integral de la recomendación de Mishima, hacen parte del libro Kawabata – Mishima. Correspondência 1945 – 1970, publicado por la editorial Estação Liberdade de Brasil em 2019, con traducción del japonés de Fernando García, introducción de Shoichi Saeki y posfacio de Donatella Natili.

La primera de las cartas, de Kawabata para Kimitake Hiraoke (nombre de bautismo de Mishima) es del 8 de marzo de 1945. La última es de Mishima para Kawabata con fecha de 6 de julio de 1970, 5 meses antes del suicidio de Mishima en la sala de comando del Acampamento Ichigaya de las Fuerzas de Autodefensa del Japón.

El conjunto de textos retrata veinticinco años de una intensa amistad atravesada enteramente por la literatura. Lo que comienza como una típica relación de admiración y respeto entre un aprendiz (Mishima) y un maestro (Kawabata), se va transformando rápidamente en una relación de intimidad, y la jerarquía que podía existir al inicio parece invertirse a favor del aprendiz, tal como demuestra el episodio de la recomendación para el Premio Nobel o comentarios posteriores de Kawabata como en la carta del 23 de septiembre de 1963: “Recibí ayer El marino que perdió la gracia del mar, que me fue enviado por Kamakura. Comencé a leer ayer tarde en la noche y terminé hoy, envidio su argucia y pienso que me gustaría inspirarme en usted, pero nunca podré alcanzar su nivel”. Aunque Mishima sea más joven que Kawabata – más de veinte años –, su precocidad e intensa producción lo colocaron muy rápido en el centro de la vida intelectual y literaria del Japón de mediados del siglo XX.

Sus personalidades contrastantes – uno tímido y contenido, el otro excéntrico – queda de entrada en evidencia en el intercambio de cartas. En general, Mishima es mucho más expresivo, inclusive cuantitativamente es él quien más escribe. Sobre todo en los primeros años de la correspondencia entre ambos, cuando el joven autor confiesa abiertamente para su maestro sus dudas, angustias y deseos. En carta de julio de 1945, Mishima entonces con veinte años, comenta brevemente el contexto de intensificación de la guerra y su traslado para el Arsenal de Koza, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio, donde debe ejercer su nueva función como bibliotecario. “La guerra sólo se vuelve más violenta, de modo que mi escritorio para trabajos de literatura comenzó repentinamente a estrecharse. Sólo queda espacio para un mero mazo de papeles. Inclusive para usar el lapicero mi codo choca en algo y no puedo moverlo como quiero. No sé si trabajar como un loco en tiempos así de hecho satisface a los dioses de la literatura. Tengo apenas la conciencia fervorosa de que satisfago a algo o a alguien”. Y en otro mensaje de julio de 1947 confiesa: “Y si yo realmente tuviese en mí un demonio, ¿qué me impediría de abandonar la escuela y el hogar y lanzarme por entero a una vida de literatura de acuerdo con mi albedrio?”.

Ya Kawabata, a lo largo de la correspondencia, aparece mucho más reservado. Sus cartas, aunque afectuosas, revelan poco sobre sus pensamientos, intimidad (más allá de algunos detalles sobre su salud) o, inclusive, sobre sus métodos de trabajo, frustrando un poco la curiosidad del lector. Al contrario, siempre generoso, parece más preocupado en comentar o hacer elogios de la obra de su amigo: “Mis saludos. Recibí con mucha alegría su obra, El martirio de San Sebastián. Creo que es otro trabajo suyo que trae una sonrisa al pecho”. Solamente de manera fugaz conseguimos captar alguna referencia a su propia obra, como en la carta del 15 de febrero de 1953: “Leí con profundo interés el debate en Multitud [debate entre Katsuichiro Kamei, Yoshie Hotta y Yukio Mishima sobre la creación literaria que incluía una crítica de la obra Después de la herida de Kawabata]. Por creer insípido tener mi verdadera forma tan bien comprendida y disecada, imagino que pronto tendré que pasar por una metamorfosis”.

A lo largo de la correspondencia queda claro también el deseo en los dos escritores de ser traducidos y divulgados en occidente y, al mismo tiempo, una cierta duda sobre la forma en que sus obras podrían ser recibidas e interpretadas. Kawabata escribe en octubre de 1956: “Aparentemente saldrá también la traducción al francés de mi Mil grullas, basada en la traducción alemana. ¿Pero que será de obras como El País de las Nieves y Mil grullas una vez traducidas para Occidente? Escuché decir que las editoriales y los book reviewers encuentran problemas para interpretar las obras de forma adecuada”. En la respuesta de noviembre de aquel año, Mishima comenta de modo más irónico sobre el asunto y sobre su relación con los traductores de su obra: “Los estadounidenses no son así tan estúpidos y creo que entenderán lo que necesita ser comprendido. Por otro lado, los europeos son los que tienen la cabeza dura, y temo que les falte una capacidad de comprensión lo bastante flexible para la literatura japonesa […] Corté lazos con el traductor Weatherby, pues discutía demasiado sobre asuntos financieros. Ahora necesito encontrar un nuevo traductor. No llego a creer que todos los extranjeros sean tan neuróticos como Weatherby con relación al dinero.”

Brasil no está fuera del campo de experiencia de Mishima, aunque sea más generoso con los brasileños y su lengua. El escritor visita Brasil en 1952 después de pasar una temporada en Nueva York. Se hospeda en la hacienda de Toshihiko Tarama, nieto del Emperador Meiji, que había emigrado en 1947. Desde Lins, interior de São Paulo, Mishima escribe para Kawabata comentando sobre el modo de ser de los brasileños: “Ya cuanto a América del Sur, me agrada demasiado el nivel de informalidad de los brasileños. No hay un bando tan simpático como ese, inclusive considerando los japoneses que aquí viven, agradables con sus aires de despreocupación […] En relación a la lengua nativa, el portugués, a pesar de tener muchas vocales, la pronunciación es muy cercana al japonés, de modo que no suena tan superficial, inclusive cuando nosotros japoneses la hablamos […] el portugués es mucho más afín con nosotros.” Al final de la carta, Mishima comenta que llegará a Rio antes de Carnaval y que después pretende continuar para Argentina, pero no hay más referencias en la correspondencia sobre este viaje.

Entre el intercambio de cartas de los escritores podemos conocer algunos detalles del mundo literario japonés de la época. Destaco solamente dos: el primero, la existencia de un torneo de go entre literatos. En noviembre de 1953 Kawabata está participando del torneo y cuenta que tuvo la mala suerte de enfrentar a Sakakiyama (campeón entre los escritores y autor de diversas historias relacionadas al juego) pero que logro ganar, perdiendo después para el maestro Shofu. El propio Kawabata es autor de una gran novela sobre el juego, El maestro de go.

Segundo, la práctica conocida como kandzume a la cual Mishima se refiere irónicamente como “enlatado”. El kandzume consiste en la costumbre de las editoriales de reservar un cuarto de lujo en algún hotel para que los escritores trabajen en retiro, sin restricciones; práctica que Mishima debe “sufrir” en el verano de 1951 y sobre la cual comenta: “Nunca pasé un verano tan divertido […] bailé, monté a caballo, anduve de barco y, además de beber, logré trabajar aún el doble en relación al año pasado.”

A pesar de estar atravesando un conturbado momento político no aparecen en las cartas referencias explícitas al respecto. En ese sentido, tanto las notas, como las biografías cronológicas de los autores y el posfacio que acompaña la edición en portugués de la correspondencia, funcionan en conjunto como un buen soporte al lector para reconstruir el contexto japonés de posguerra y el lugar de estos escritores en ese campo de fuerzas.

Entre líneas es posible encontrar ciertas ideas que parecen anticipar lo que sería un final trágico en el caso de Mishima, como destaca Natili en el posfacio. En una de las primeras cartas de la correspondencia, del 18 de julio de 1945 Mishima escribe: “¿No es posible, tal vez, reconocer también en la literatura la existencia de límites de la experiencia, límites no ultrapasables y que escapan al dominio de la experiencia literaria (como Rilke la entendía)? ¿No llegará el momento en que seré obligado a hacer la elección penosa de realizar, fuera del ámbito de la literatura, mis visiones literarias fatalistas?”.

En el caso de Kawabata no hay muchos indicios que permitan prever su decisión por el suicidio en abril de 1972. Tal vez alguna pista se esconda en el último mensaje para Mishima del 13 de junio de 1970: “Aunque todas las personas digan que tengo aspecto saludable, parece que al menos mi espíritu envejece […] es tal como usted dice; es duro ¿no es cierto?”.

 

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