Archivo | Biografía RSS feed for this section

El imparable César Aira*

24 Ene

AiraSu pueblo de nacimiento es tan irreal que parece una más de sus creaciones, pero en realidad existe en el centro del mapa imaginario de la actual literatura argentina.

Nace en 1949, año de la primera audición, en el Carnegie Hall, de “Sonatas e interludios” de John Cage, lo que no deja de ser una coincidencia bastante significativa.

A partir de 1967 se instala en el barrio de Flores, en el centro de Buenos Aires, y se gana la vida dando cursos de literatura y traduciendo libros de idiomas que no conoce, lo que produce importantes ganancias para su economía doméstica y algunas de las obras más memorables de los últimos tiempos.

Sigue leyendo

El poeta del abismo

2 Oct

Nació en Santiago a finales de abril de 1953. El mismo año en que murió Stalin y Dylan Thomas, personajes que aparecían en sus sueños, sentados a una mesa pequeña y redonda, en un bar de Ciudad de México, luchando para ver cuál de los dos aguantaba más bebiendo (Dylan Thomas whisky y Stalin vodka).

De niño vivió en Valparaíso, Quilpué, Cáuquenes y Los Ángeles. De esos años guardaba la imagen de su abuela, llevándolo de la mano por algún desierto iluminado de Chile.

Sigue leyendo

Vidas imaginarias

18 Mar

El arte de la biografía es el arte de lo imposible, pues ninguna vida puede ser en efecto contada. No le queda al biógrafo otro camino distinto al de elegir ciertos rasgos, algunos grandiosos y épicos, otros banales y simples, para armar una secuencia de momentos construida al azar con algo que se parece mucho a los restos de un naufragio. Los instrumentos de los que se vale el biógrafo son variados: testimonios, cartas, entrevistas o documentos. Fuentes que en principio podrían dotar la biografía con un alto grado de veracidad. Pero ¿quién nos asegura que las cartas no son apócrifas, que el testimonio se aferra a los hechos, que quien habla no mezcle en sus recuerdos lo que fue con lo que quería que fuese, los hechos con su deseo? A pesar de todo, la biografía, real o imaginaria, pretende darle un orden y una coherencia a esa confusión nebulosa que a veces llamamos vida, existencia o simplemente ser. Su función consiste quizás en buscar un sentido, aunque sea pasajero e inútil. Y su belleza en revelar los pequeños gestos que definen la singularidad de un invididuo, sea este héroe o villano, tirano o mártir, como lo dijo e hizo Marcel Schwob en aquellos lejanos días de 1896.