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Vejez, literatura y amor

19 Jun

En un artículo de 1982 publicado en el diario El Espectador de Bogotá, García Márquez cuenta que después de haber leído literatura japonesa por más de un año, la obra que más le había impresionado y la única que le hubiera gustado escribir era La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata. Veintidos años después, García Márquez le rinde un tributo al escritor japonés con su novela Memoria de mis putas tristes, en la cual un antiguo profesor de gramática y ahora periodista de provincia decide regalarse en su cumpleaños número noventa, una noche de amor con una adolescente virgen. La historia recuerda el libro de Kawabata que gira en torno a una mansión de Tokio en donde los ancianos burgueses pagaban para pasar una noche contemplando a las mujeres más bellas de la ciudad mientras dormían desnudas y narcotizadas a su lado. El tributo literario de García Márquez se confirma con el epígrafe de la novela de Kawabata y en el transcurso de la historia pues el protagonista, conocido solamente por el apodo que le pusieron sus alumnos, “Mustio Collado”, nunca llega a tocar a la niña que le consigue su amiga Rosa Cabarcas, dueña del burdel que él solía visitar. Sigue leyendo