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La autobiografía

18 Jul


Manizales, martes 12 de marzo de 2005

Apreciado Julio:

En verdad agradezco profundamente los comentarios que hace sobre el primer capítulo de mi autobiografía que está siendo publicada en la revista Fuegos. No es común recibir, en estos tiempos de Internet y correo electrónico, una carta como la suya, escrita a máquina por lo demás, ¿también usa una vieja Rémington 170? Siempre he considerado vital para el oficio de escritor mantener un contacto frecuente con los lectores y en este caso, créame no es un elogio de ocasión, con un lector tan inteligente y perspicaz como lo es usted. Comparto sus observaciones sobre algunas caídas en el ritmo de la historia, especialmente con relación a los años de la adolescencia. Creo que es una falla que debo atribuir a mi memoria que, por alguna razón que ni mi psicoanalista ni yo hemos podido descifrar, tiende a colocar una nube gris sobre aquellos años y a revelar solamente algunas imágenes específicas, mientras otras aparecen distorsionadas, como vistas a través de un espejo irregular. En todo caso, espero que el conjunto completo de la narración compense esos pequeños altibajos de ritmo y pueda ofrecer un mayor placer en la lectura.

Reciba un cordial saludo,

Rubén Darío Carvajal.

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El radio

5 Jun

En el centro hay un hombre que camina escuchando un radio viejo. El hombre le habla al radio y el radio le contesta y presiento que no importa qué le contesta: el hombre siempre ríe.

A su lado camina un perro que no sabe que es un radio ni le importa.

El día que al radio se le acaben las pilas, ambos morirán.

Momentos Kodak

10 Abr

No sé muy bien si estos Momentos Kodak son intentos de prosa poética o de poemas en prosa, aunque presiento que eso no tiene mayor importancia. Sería mejor definirlos como ejercicios, libremente inspirados, en la conjunción de dos mecanismos de escritura: 1) la reducción de la vida entera de un hombre o una mujer a dos o tres escenas y 2) el arte de escribir sin escribir del haikü.

Laura

En medio del parque hay una fuente con la estatua de una mujer. Al fondo una iglesia iluminada por el sol. El parque está lleno de hombres viejos que juegan cartas sobre unas bancas de cemento mientras las palomas vuelan peligrosamente sobre sus cabezas blancas y grises. En su bolso el pasaje de avión. En su cuerpo el vacío. No piensa en nada. Su mirada se concentra en la sonrisa del viejo que súbitamente tira un as de trébol sobre la mesa.

Diego

Es el segundo café y el tercer cigarrillo. El cielo está despejado y la brisa mueve levemente las ramas de los árboles que se ven a través de la ventana. En sus manos una novela, escrita por ella, donde él es el trágico protagonista. Toma otro sorbo de café. Se da cuenta, sólo ahora, que ya no le importa para nada el asunto de la inmortalidad. Sigue leyendo

La invasión

18 Mar

La casa se ha llenado de extrañas criaturas. No sabemos de dónde salen y mientras más matamos, más aparecen. En las noches me persiguen terribles pesadillas kafkianas. Camino por la casa sigilosamente, con miedo de encontrarme una de ellas mirándome a los ojos. Poco a poco han ido apoderándose de lugares estratégicos donde ya no podemos entrar. Estamos siendo expulsados por una fuerza extraña que no conocemos, ni entendemos. Mandamos a fumigar las bodegas que están en la parte posterior de la casa y por unos días llegamos a pensar que la invasión había terminado. Pero como el fénix renaciendo de las cenizas, ellas renacieron del veneno, insuficiente para destruirlas. Sigue leyendo

La máquina*

27 Feb

“Quince minutos para empezar, maestro”, me grita una voz desde afuera. Me miro en el espejo y todavía no puedo creerlo. Mi afición comenzó cuando mis padres me compraron mi primera máquina de escribir: una Brother 350 blanca y roja. Yo tenía 11 años y en el colegio empezaban las clases de mecanografía. De manera natural asimilé la distribución de las letras y cuando la profesora nos hacía taparlas con cinta aislante, yo podía escribir páginas y páginas sin cometer casi ningún error. Desde el primer momento tuve un entendimiento perfecto con la máquina, pero nunca pensé que se tratara de algo fuera de lo normal. Sigue leyendo

Sombras

24 Feb

Estaba acostado mirando hacia el techo con las manos detrás de la cabeza. El sol se filtraba un poco por la ventana y las sombras creaban extrañas figuras sobre la pared. Pude identificar un castillo, luego un barco, una casa rodeada de árboles y ahora veía un enorme dragón que lentamente empezaba a moverse.

Lo último que sentí fueron unos colmillos afilados apretándome suavemente el cuello.