Manizales, martes 12 de marzo de 2005
Apreciado Julio:
En verdad agradezco profundamente los comentarios que hace sobre el primer capítulo de mi autobiografía que está siendo publicada en la revista Fuegos. No es común recibir, en estos tiempos de Internet y correo electrónico, una carta como la suya, escrita a máquina por lo demás, ¿también usa una vieja Rémington 170? Siempre he considerado vital para el oficio de escritor mantener un contacto frecuente con los lectores y en este caso, créame no es un elogio de ocasión, con un lector tan inteligente y perspicaz como lo es usted. Comparto sus observaciones sobre algunas caídas en el ritmo de la historia, especialmente con relación a los años de la adolescencia. Creo que es una falla que debo atribuir a mi memoria que, por alguna razón que ni mi psicoanalista ni yo hemos podido descifrar, tiende a colocar una nube gris sobre aquellos años y a revelar solamente algunas imágenes específicas, mientras otras aparecen distorsionadas, como vistas a través de un espejo irregular. En todo caso, espero que el conjunto completo de la narración compense esos pequeños altibajos de ritmo y pueda ofrecer un mayor placer en la lectura.
Reciba un cordial saludo,
Rubén Darío Carvajal.






